APRENDIENDO A DIBUJAR
El contexto que dio origen a los “elefantes” de la política argentina fue el auge de la Democracia de masas. Las dos grandes estructuras político-partidarias surgieron en un contexto que hoy está en vías de superación.
La fuerza es la misma: la voz de un pueblo que quiere crecer y crear y proyectarse; ser. Pero todo cambió. Aquí y en el mundo. La democracia de masas, cuyo eje es la representación, está dando paso a otra forma de hacer la política: la participación. La participación tiene que ver con un involucrarse más directo, más responsable, más activo en el eje mismo de las decisiones. Tiene que ver con un ciudadano más maduro.
Podrá decirse que esto sucedió, que las democracias directas ya existieron, que dónde está lo nuevo. Si, las Democracias Directas ya existieron, más en comunidades que abalaban la esclavitud, el sometimiento de unos hombres a otros sin derecho a nada. Sin derechos. Lo que se plantea acá es una vuelta ascendente, superadora de aquello: la construcción de una nueva democracia participativa, seguramente retomando elementos de la antigua, pero superando unos cuantos aspectos: como decíamos, la esclavitud, y la desigualdad de los sexos, por exponer otro ejemplo.
En las sociedades humanas, como en la naturaleza, la evolución marca un ritmo: hacia delante y hacia arriba. Lo que es viejo y no funcional tomará uno de dos caminos: o muta y se adapta o perece, dando espacio a formas nuevas.
Es obvio que las actuales fuerzas políticas argentinas no son funcionales, no responden a los requerimientos del sistema, no pueden hacer frente al medio que las circunda. No solo no tienen los elementos adecuados para trabajar lo nuevo: una sociedad nueva, hecha de hombres nuevos, que paulatinamente van rompiendo los cascarones de su letargo; sino que en su afán por permanecer, han gangrenado el tejido social, las esferas económicas y políticas. Los especialistas hablan de corrupción.
Cuando los hombres hayan caminado otro trecho en el sendero hacia autonomía se planteará, quizá, la cuestión siguiente: ¿Puede hablarse de democracia en circunstancias tales como concentración de la propiedad, vasallaje al “vil metal”, explotación laboral? Y los hombres del futuro se plantearán una forma de gobierno que trascienda esas representaciones modernas de la esclavitud hoy legitimadas.
El capitalismo es una construcción humana. No desmereceríamos a un niño porque dibujó un “señor” que tal vez se parece más a un renacuajo. Hasta allí llega su madurez, intelectual, emocional, motriz. Convengamos, si, que puede aprenderse a dibujar, que con esfuerzo, sacrificio y tiempo, los resultados pueden ser otros.
El Estado, los gobiernos, son también construcciones humanas. Estas pueden estar signadas por el esfuerzo, el auto-sacrificio, la paciencia, en definitiva, por el amor al prójimo; o por el egoísmo, el orgullo, la codicia, es decir por la más absoluta de las ignorancias. Los ideales de quienes crearon las hoy viejas formas partidarias fueron luminosos y siguen tan vigentes como ayer. Las ideas nacidas del conocimiento y del amor al prójimo trascienden tiempo y espacio. Mas su realización se consuma con el material que existe, los hombres y mujeres de una época, lo que saben, lo que aprendieron, lo que estuvieron dispuestos a dar.
Las ideas nuevas aborrecen el seguir a alguno servilmente: instan a crear medios mejores para servir a los otros. No inducen a acatar y a esperar, sino a prepararse, pensar, hacer. Son necesarias almas emprendedoras, valientes y despojadas de vacuidades; inocentes como palomas... dice el Buen Libro. Se está conformando la idea matriz de un nuevo movimiento, ya no de masas, sino de hombres y mujeres individuales ( no “individualistas”), de mayor conciencia, responsables. Y es que está naciendo un nuevo ciudadano y con él se está gestando una nueva humanidad. Año 2001
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